Noviembre de 2023, León. Una limpiadora de 60 años recibe la respuesta del Instituto Nacional de la Seguridad Social a la incapacidad permanente que había pedido: sus siete diagnósticos, valorados uno a uno, no bastan. Casi tres años después, el Tribunal Superior de Justicia castellanoleonés le da la razón y le reconoce una pensión vitalicia, con una base reguladora de 782,44 euros al mes.
Siete diagnósticos que, uno a uno, no bastaban
Detrás de esos siete diagnósticos hay un cuerpo que llevaba años acumulando dolencias. Le dolían las articulaciones por una fibromialgia crónica y sufría migrañas frecuentes. Arrastraba también una tromboflebitis mal curada en una pierna y tenía desgastados los discos y los cartílagos de la zona lumbar, un cuadro de espondiloartrosis. A eso se sumaban una incontinencia urinaria y la vesícula biliar, que ya le habían quitado. El séptimo diagnóstico llegó por otro camino: una depresión que la obligó a coger la baja el 14 de marzo de 2022 y que no remitió hasta tocar el tope que marca la ley, 545 días.
El conjunto le dejaba secuelas muy concretas: llanto fácil, insomnio, despertares frecuentes por el dolor, pérdida de memoria, cefaleas y una autoestima por los suelos.
Ninguna, aislada, la incapacitaba del todo.
El INSS deniega y un juzgado también
Pidió la incapacidad permanente total en 2023, por enfermedad común. La respuesta del INSS llegó el 20 de noviembre de ese año: a su juicio, ninguna de sus lesiones llegaba al grado exigido. Fue entonces a juicio, y casi doce meses más tarde volvió a perder. El juzgado leonés que llevó el caso razonó que, por muchos diagnósticos que acumulara, hacía falta que al menos uno de ellos fuera, por sí solo, lo bastante grave como para dejarla sin poder trabajar.
Absueltos el INSS y la Tesorería General de la Seguridad Social, a la trabajadora solo le quedaba un camino: recurrir en suplicación ante el tribunal superior de la comunidad. En ese recurso pidió algo muy concreto: que la depresión y sus 545 días de baja quedaran por escrito entre los hechos probados, no como un dato suelto en el expediente. No era un capricho procesal. Era la prueba de que el desgaste de limpiar durante años también se cobra la salud mental, y de que las siete patologías no habían aparecido todas a la vez.
Casi dos años sin trabajo ni pensión
Mientras el pleito avanzaba, la mujer no tenía ingresos estables. El subsidio por desempleo empezó a llegarle el 29 de diciembre de 2023, aunque a partir de agosto de 2024 el Servicio Público de Empleo se lo retiró: sus propios médicos oficiales habían concluido que no estaba en condiciones de desempeñar ningún trabajo.
La misma Administración que le negaba la incapacidad la consideraba, a otro efecto, incapaz de trabajar.
El tribunal mira el conjunto, no cada enfermedad por separado
Eso cambió el 4 de septiembre de 2026, fecha de la sentencia con la que la Sala de lo Social le da la vuelta a lo resuelto en León. Para los magistrados, no se trata de analizar cada dolencia por separado, sino de sumar el efecto que producen todas juntas sobre la capacidad real de trabajar.
El tribunal recuerda que hay que valorar si la persona puede desarrollar su profesión con continuidad, eficacia y un rendimiento normal, no si aguanta un único día bueno. Y añade una idea que no es habitual en este tipo de sentencias: a la trabajadora no se le puede exigir "esfuerzos heroicos" para seguir en su puesto, ni siquiera cuando el límite lo marca un dolor que ninguna prueba puede medir del todo.
Por eso da la vuelta al fallo anterior. A partir de ahora, la mujer tiene reconocido el grado que le impide seguir limpiando como hacía antes, aunque le deja abierta la puerta a un oficio distinto: la incapacidad permanente total.
El dato
El fallo condena al INSS y a la TGSS a abonarle una pensión vitalicia, con una base reguladora de 782,44 euros al mes. Y el cobro no arranca en septiembre de 2026, sino que se cuenta hacia atrás hasta el 14 de noviembre de 2023: casi tres años de atrasos que se suman a lo que reciba de aquí en adelante.
Lo que cambia para cualquiera con varias dolencias
Limpiar es un trabajo que pasa factura al cuerpo: agacharse, cargar peso, repetir el mismo gesto cientos de veces al día. Con 60 años y siete diagnósticos encima, esta trabajadora representa a un colectivo amplio, el de quienes llegan a la edad de jubilarse arrastrando varias dolencias que, una a una, ningún tribunal médico considera suficientes.
La doctrina que aplica este tribunal no es exclusiva de esta limpiadora. Vale para cualquiera que arrastre varias enfermedades crónicas (una lumbalgia, una depresión, una fibromialgia) y se haya topado con el mismo argumento: que ninguna, por separado, es suficientemente grave. Saber cómo pedir la incapacidad permanente pasa por entender que el tribunal médico suele mirar diagnóstico a diagnóstico, mientras que un juez puede, y a veces debe, mirar el conjunto.
La diferencia entre grados también importa aquí. Esta sentencia reconoce la incapacidad permanente total, que impide la profesión habitual pero permite trabajar en otra distinta, y no la incapacidad permanente absoluta, reservada a quien no puede desempeñar ninguna profesión. La cuantía final de la pensión depende, además, de la base reguladora de cada trabajador, calculada sobre sus últimas cotizaciones.
Y si la dolencia que se arrastra es de salud mental, como la depresión que mantuvo de baja a la limpiadora año y medio, el primer paso suele ser saber cómo se solicita la baja por depresión y cuánto puede prolongarse antes de decidir el siguiente movimiento.
La sentencia no es firme. El INSS y la TGSS tienen diez días desde la notificación para interponer recurso de casación para la unificación de doctrina ante el Tribunal Supremo, así que la última palabra puede tardar todavía meses.
Casi tres años después, una pensión que llega tarde
La limpiadora pidió la incapacidad en 2023 con siete enfermedades a cuestas. La Seguridad Social le dijo que no. Un juzgado le dijo que no. El tribunal superior de su comunidad acaba de decirle que sí, y de paso deja escrito que a nadie se le puede pedir un esfuerzo heroico solo para conservar el trabajo.






